Parece que estamos entrando a otro mundo

Parece que estamos entrando a otro mundo

Fuente: Periódico Hoy.

En noviembre de este año se cumplirán 30 años de la caída del muro de Berlín, un muro de seguridad que formó parte de la frontera entre las dos Alemanias que surgieron como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial. Este hecho, combinado con la posterior disolución de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), y la crisis de los llamados socialismos reales, a partir de 1992, dio paso al mundo de la postguerra fría.

En ese nuevo escenario, en un artículo publicado por Francis Fukuyama en la revistaThe National lnterest, inmediatamente después de la caída del muro, se argumentaba que la democracia liberal podía constituir “el punto final de la evolución ideológica de la humanidad”, la “forma final de gobierno”, y que como tal marcaría “el fin de la historia”. A partir de ese planteamiento, el autor escribió en 1992 el libro que lo hizo famoso: El Fin de la Historia y el Ultimo Hombre.

Esta nueva realidad dio impulso a nivel internacional a una política que planteaba la hegemonía absoluta de la economía sobre la política, el mercado como “mano invisible” capaz de corregir cualquier tipo de desajuste social, la promoción del libre comercio, la libertad de los flujos de capitales, la libertad de los flujos de personas, la desregulación sistemática de cualquier actividad de carácter social, el libre cambio, etc. Todo se resumía en la fórmula mágica de: menos Estado y más Mercado.

En el ámbito político, se expandieron los regímenes democráticos y se promovieron los valores de la democracia liberal, tales como la tolerancia, el respeto a los derechos humanos y las libertades en sentido amplio. Florecióel multilateralismo, el cosmopolitismo, el multiculturalismo, el respeto a las minorías, etc.

Pero con la crisis de 2008, todo esto comenzó a cambiar. Esa crisis dejó claro que las políticas que se pusieron en marcha durante los años 90 condujeron al deterioro de la distribución del ingreso en muchos países desarrollados, situación que no ha cambiado desde entonces. En 2017, un informe de la Reserva Federal de los Estados Unidos (Fed) dio cuenta de que el 1% de las familias más ricas de Estados Unidos controlaba el 38.6% de la riqueza del país en 2016, mientras que el 90% de las familias con menos ingresos solo disponía del 22.8% de la riqueza, lo que implicaba una reducción de aproximadamente un tercio comparado con 1989, cuando la Fed comenzó a darle seguimiento a esta medida.

El deterioro de las condiciones sociales en los países desarrollados explica la emergencia de movimientos nacionalistas y populistas que cuestionan aspectos fundamentales de la democracia liberal y que ponen en entredicho el libre comercio, los movimientos migratorios, el multiculturalismo, el cosmopolitismo y que levantan la cuestión identidad como una de sus banderas. Parece que estamos entrando a otro mundo.

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