La ambición desmedida de poder conduce a la irracionalidad política

La ambición desmedida de poder conduce a la irracionalidad política

Fuente: Periódico Hoy.

Quien haya tenido la oportunidad de leer el libro Animal Spirits, escrito por los profesores Robert J. Shiller y George A. Akerlof, concluirá conmigo en cuanto a que el argumento central del libro es que la economía no es guiada únicamente por motivos puramente racionales, sino que también intervienen motivaciones no económicas e irracionales. Según los autores, los “espíritus animales” serían las causas de las fluctuaciones de la economía. O sea, las crisis económicas son, en gran medida,productos de decisiones irracionales.La fe ciega de la gente en el continuo crecimiento del precio de las viviendas en Estados Unidos,así como la injustificada confianza en los incomprensibles productos financieros creados por los bancos, provocaron la Gran Recesión que vivió el mundo como consecuencia de la crisis financiera de 2008-2009.

Si lo señalado anteriormente es aplicable a la economía, conviene aquí recordar lo que dijo en 2002 Robert Macnamara, quien fuera Secretario de Estado de Defensa de los Estados Unidos en los gobiernos de Kennedy y Johnson, así como presidente del Banco Mundial entre 1968 y 1981, en el documental The fog of war (La niebla de la guerra). Macnamara presenta once preceptos aplicables en la vida, la política y la guerra y uno de esos preceptos es la racionalidad no va a salvarnos, implicando con esto que el ser humano por la soberbia puede llegar a destruir mundos enteros sin pensarlo mucho.Era en gran medida la conclusión que sacaba de la crisis de los misiles en Cuba en octubre de 1962.

Lo expresado en los dos párrafos anteriores cae como anillo al dedo para explicar lo que está ocurriendo en el Partido de la Liberación Dominicana. La reunión que el Comité Político celebró en abril de 2015 marca un antes y un después en el PLD porque ese día el presidente del Partido decidió ponerse por encima de la organización, oponiéndose y boicoteando una decisión ampliamente mayoritaria que daba mandato a los legisladores para que dieran los pasos para producir la reforma constitucional que permitió la reelección del presidente Danilo Medina. Para evitar la crisis se buscó una salida salomónica pero antidemocrática que tiró por la borda el centralismo democrático que había sido una norma en la vida de la organización.

Pero la actitud del presidente del partido y la posterior crisis del PLD no puede entenderse al margen de su ambición patológica por volver a ser presidente de la República. Este deseo se ha convertido en una idea obsesiva que domina la vida del presidente del Partido, condicionando su conducta general y su relación con los demás. Y es ahí donde está la raíz de la irracionalidad en que hemos caído en el PLD. Estoy convencido de que un abandono de las aspiraciones presidenciales del presidente del Partido cerraría la puerta a cualquier iniciativa reeleccionista.

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