¿A qué mundo es que nos dirigimos?

¿A qué mundo es que nos dirigimos?

Fuente: Periódico Hoy.

Raghuram G. Rajan es un economista indio y académico con reputación internacional. Profesor de Finanzas en la Escuela de Negocios de la Universidad de Chicago. Gobernador del Banco de la Reserva de la India entre 2013 y 2016; y Economista Jefe y Director de Investigación del Fondo Monetario Internacional entre 2003 y 2006. Ocupando la posición de gobernador del Banco de la Reserva de la India, Rajan se convirtió en el vicepresidente del Banco de Pagos Internacionales, conocido como BIS por su sigla en inglés.

Rajan, que en la conferencia anual Jackson Hole de la Reserva Federal en 2005, advirtió sobre los crecientes riesgos en el sistema financiero y propuso políticas para evitar la posterior crisis de 2008, acaba de publicar un artículo titulado “El verdadero costo de la guerra comercial” en el cual reflexiona sobre la actual situación internacional y sus posibles derroteros. Señala que, durante gran parte del siglo pasado, Estados Unidos administró y protegió el sistema de comercio sobre la base de reglas que creó al final de la Segunda Guerra Mundial. Para que este sistema funcionara era preciso eliminar la desconfianza mutua que existía entre las potencias en competencia. Estados Unidos jugó ese papel y promovió el criterio de que el crecimiento y el desarrollo de un país podía beneficiar a todos los países por la vía del aumento del comercio y la inversión.

Montado en la confianza de que los Estados Unidos no utilizaría su poder para promover de manera egoísta sus intereses nacionales, se promulgaron reglas que facilitaron la expansión del comercio a nivel mundial, abriéndose las puertas a mercados lucrativos para las empresas norteamericanas. Todo esto estuvo muy bien hasta que ocurrió algo que alteró el criterio de que el crecimiento de cada país beneficia a los otros países. Se trata del surgimiento de China. Rajan señala que al igual que Japón y los tigres de Asia oriental, China creció gracias a las exportaciones de manufacturas. Pero, a diferencia de dichos países, China, hoy en día, amenaza con competir directamente con Occidente, tanto en servicios como en tecnologías de vanguardia.

Rajan refiere que China está hoy muy cerca de la vanguardia tecnológica en robótica y en inteligencia artificial, y que sus propios científicos probablemente pueden cerrar la brecha en caso de que se le niegue el acceso a los insumos que en la actualidad importa del exterior. Lo más alarmante para el mundo desarrollado es que el floreciente sector tecnológico de China está mejorando su destreza militar.
Esta situación ha hecho que la premisa central del orden comercial basado en reglas, ahora se esta´ desmoronando. Estados Unidos ya no ve el crecimiento de China como una bendición sin límite.

Surge, entonces, la siguiente pregunta: ¿A qué mundo es que nos dirigimos?